Forma Deforma Reforma Contrarreforma Transforma
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30 ene 2026
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10 may 2026
Forma Deforma Reforma Contrarreforma Transforma
Hablemos de residuos, moluscos y excesos; de movimientos orbitales, de rupturas que encarnan continuidad y de disputas sobre las narrativas históricas que nos permiten poner en duda la cultura y la tradición. Hablemos de relaciones parasitarias, de interferencias y ruido en la comunicación; de mediación, transformación, defensa, perforación y nácar: el proceso por el cual se forma una perla.
Forma, deforma, reforma, contrarreforma, transforma — derivación ontológica — surge del cuestionamiento de las historias lineales del arte y de sus modos de conceptualización. A partir de errores azarosos —aunque conscientemente provocados e intrínsecos a los procesos de reproducción artística, técnica y material— emerge la alteración de la forma y su deformación. Reforma y contrarreforma remiten a tensiones históricas y políticas inscritas en el barroco: aquello que replica, agrieta, olvida y reconstruye. La transformación, entonces, no es sólo física: implica una alteración radical en la composición interna y funcional del ser, un punto de quiebre que marca un antes y un después.
La obra de Cristóbal Gracia (Ciudad de México, 1987), presentada en Plataforma, se centra en la materialidad del fracaso estético-ideológico. Sus esculturas y piezas exploran cómo el abandono, la acumulación y el almacenamiento de moldes y reproducciones en yeso ¾residuos de la Modernidad y la sobreproducción cultural¾ revelan tanto la decadencia como la persistencia de la historia del arte occidental. El polvo y los restos se convierten en materiales susceptibles de reactivación, otorgando segundas oportunidades desde una lógica artística y social.
La serie de Perlas atascadas con soporte combina procesos digitales y físicos: escaneos que homogenizan miles de fragmentos en texturas semejantes al nácar, impresiones 3D que generan moldes de cerámica y alteraciones deliberadas que evidencian cada paso del proceso. Los mismos moldes de yeso utilizados para realizar vaciados en cerámica fueron reutilizados para el soplado de vidrio. Asimismo, fragmentos de estos moldes fueron fundidos en bronce, materializando procesos y materias que buscan contener y dar presencia al vacío como un espacio productivo. Cada fallo, cada acumulación y cada deformidad abre la posibilidad de crear de formas inéditas. Esta exploración se extiende al grabado y al plano mural, donde la fragmentación produce cartografías caóticas que alcanzan el límite del vacío, mientras que los residuos de los procesos funcionan como testimonio de la transformación material.
El interés de Gracia por lo barroco y lo procesual refleja una indagación sobre la cultura como morfología viva, o codigofagia, concepto desarrollado por Bolívar Echeverría para describir las estrategias de supervivencia y negociación cultural que emergen dentro de un conflicto entre distintos universos semióticos. La codigofagia se entiende, entonces, como una práctica basada en la apropiación, digestión y resignificación de códigos culturales hegemónicos, que son desplazados y alterados desde contextos e imaginarios propios. Esta lógica de desvío y reordenamiento encuentra un eco en la filosofía de Michel Serres, para quien el parásito no es sólo un organismo invasor, sino un elemento disruptivo y constitutivo de cualquier sistema. La interferencia es inherente a toda comunicación y, por extensión, a toda relación: opera como un catalizador que obliga a los sistemas a ajustarse, produciendo equilibrios inestables. Parásitos e interferencias introducen caos, pero también complejidad, diversidad y creatividad, poniendo en crisis nociones rígidas de estabilidad. En la obra de Gracia, entonces, cada defecto o alteración puede leerse como un parásito productivo, capaz de abrir nuevos mundos de forma y sentido.
Las piezas de esta exposición sugieren un flujo continuo de creación, deformidades cambiantes y contenedores perpetuamente colmados. Flotamos, a veces pasivamente, a veces a contracorriente, en un océano tormentoso de líneas, colores y texturas, donde toda forma fallida se rehace y cada fragmento se reinventa. En esta deriva descubrimos que la creación surge del exceso y de la interferencia, y que el hecho de habitar relaciones parasitarias en y con la historia, los materiales y la memoria es, en sí mismo, un acto generativo.



